Bucles


Foto de Mauricio Duenas Castaneda—EPA

El sonido del momento debe ser simplemente un recuerdo. Lo realmente difícil es recuperar la conciencia en la misma selva o en una cama de hospital y darse cuenta de que algo falta. Y ese algo no es la billetera o el fusil, es una parte más de uno. De lo que es.

Uno nunca va por la calle sintiendo especial cariño por su pierna derecha ni mimándo la izquierda. Pero sólo hace falta un explosivo de regular poder para quitarla completamente y dejar en su lugar un cosquilleo eterno como si la mente se negara a asumir la pérdida.

Y de todo eso saben los hombres de la foto. No son superhéroes por más que la propaganda oficial quiera disfrazarlos. Ni uno sólo de ellos soñaba en sus noches de guardia con perder una pierna para salir a dar discursos de superación o motivar a todo un país para que salga adelante. Cuando se dieron cuenta de lo que les pasaba no sonrieron y dijeron para sí mismos: “esta es una nueva etapa en mi vida”, en vez de eso, golpearon la cama y se negaron a ver a nadie que llegara sobre sus dos piernas con cruces católicas y abrazos familiares a intentar reconfortarlos.

En la imagen sólo se ven 31, pero atrás, sin lograr entrar en el encuadre, vienen los demás.

Y más atrás (o más adelante o empujándolos o simplemente viéndolos rodar con cara de pena), vendrán otros. El problema es que aún no lo saben.

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